Discursos
Discursos Políticos
ARGENTINA
Discurso del Sr.Presidente de la Nación Raúl Alfonsín desde el balcón de la casa de gobierno el día 23 de Mayo de 1986.
Compatriotas: yo sé muy bien que esta presencia multitudinaria trasciende la voluntad de apoyar a un gobierno y que en realidad está queriendo poner de manifiesto la decisión del pueblo por luchar para preservar la democracia de los argentinos.
Y así como estamos reunidos nosotros en esta plaza, a pocas cuadras de aquí se realiza otro acto político convocado por otra colectividad política pero al que no debemos ver como antagonista de este otro acto. Podrán expresar sus críticas, pero siendo el pueblo argentino estoy convencido que como Uds. están igualmente dispuestos a defender la democracia de los argentinos.
Tal vez esta coincidencia, de estos dos actos, expresa cabalmente la intención de la convocatoria, porque para que realmente tenga vigencia cabal la democracia no basta la existencia de las instituciones, es absolutamente necesaria la participación del pueblo.
Bienvenidos entonces todos a las calles de Buenos Aires.
Llevamos 30 meses duros de gobierno. Recuerdo que hace un año convoqué a los argentinos para una economía de guerra, de guerra contra nuestras propias limitaciones y nuestras propias imposibilidades. Hoy les quiero decir que a través del esfuerzo realizado por todos, muy particularmente a través del esfuerzo magnífico, con ribetes de epopeya, puesto de manifiesto por los sectores más desposeídos, podemos estar en condiciones de empezar una nueva etapa. Hoy les vengo a decir que vamos a arrancar la marcha para la grandeza de la argentina.
Discurso de Antonio Cafiero
Plaza Once/23 de Mayo de 1986
Compañeros … compañeros y compañeras, compatriotas:
En este mismo día, a esta misma hora en otra plaza, hay reunidos (gritos, silbidos) otros argentinos, con los cuales tenemos el común propósito de defender la democracia, de defender la constitución, de repudiar la violencia, y de construir una democracia justa, libre, soberana, pero también tenemos con estos otros argentinos profundas discrepancias porque pertenecemos a una cultura política diferente; porque tenemos un concepto de la democracia diferente.
(pausa) Allí un médico por favor! (bombos, aplausos).
Hoy, en la Plaza de Mayo, se habla de fundar una Segunda República.
(silbidos). Se habla … se habla (silbidos) de olvidar el pasado. Y nosotros preguntamos: ¿cuál es el pasado que quieren enterrar los radicales? ¿Será acaso el de su origen histórico federal e yrigoyenista que han olvidado? ¿Será acaso sus complicidades con los conservadores en la Década Infame? (silbidos) ¿Será acaso la Unión Democrática, cuando marcharon del brazo de Braden y los Comunistas? (silbidos) ¿Será acaso cuando conspiraron permanentemente contra el gobierno popular de Juan Domingo Perón? ¿Será acaso la …?
Discurso de Carlos Grosso
Córdoba, 17 de Octubre de 1987
Presentación: Uno de los primeros en volver a decir que se podía creer, uno de los primeros hombres de la Renovación. Habla el presidente del PJ en la Capital Federal, el compañero Carlos Grosso:
CG: Compañeras y compañeros peronistas, compatriotas, argentinos:
¿Qué podríamos agregar en esta noche a las palabras de José Luis faltando todavía el plato fuerte de la noche que es la palabra de Antonio Cafiero? (Pausa) (Cantos).
¿Qué podríamos agregar en esta noche en la que todos nos hemos reencontrado con alegría, en la que todos nos hemos reencontrado con lo mejor de la tradición de este pueblo?
De nuevo estamos aquí, con la bandera azul y blanca para decir que la Argentina no se rinde al destino de entrega, de mediocridad y resignación. Que estamos aquí los que queremos vivir en esta patria como nos enseñó Juan Domingo Perón, con dignidad, con grandeza y con entrega hasta la última gota de la vida.
(Aplausos) (Dale Grosso, dale ale Grosso)
Aquí en todos, en esta noche, los peronistas recordando y festejando. Y yo quiero decirles que me acuerdo hace un largo año atrás cuando los mismos que estamos en esta tribuna vinimos aquí, a Córdoba, a iniciar el camino de esta victoria, que el seis de septiembre obtuvimos con el pueblo.
(…)
Por eso, compañeros, y por eso, compañeras, este también no sólo es el momento de recordar aquel 17 de octubre; no sólo es el momento de la alegría del triunfo. También es el momento de la enorme responsabilidad que tenemos los peronistas.
Porque sabemos que después de estos cuatro años de frustración no sólo ha caído sobre nuestras espaldas el 42 por ciento de los votos del país. Ha caído en nuestras manos la responsabilidad de poder decirle a quien quiere vivir en este país que vale la pena, que hay una Argentina distinta y que vamos a dar hasta la última gota del esfuerzo para que esto se haga realidad.(Aplausos)
Será, será que nosotros venimos de esa enorme lucha popular, será que nosotros venimos de tantos años de proscripción, sería que nosotros veníamos de sufrir la represión y los nuestros …
Sería que nosotros no nos arredrábamos ante una derrota allá en la noche oscura de octubre del 83.
(…)
Tomamos de nuevo el camino, tomamos de nuevo la fuerza, y aquí estamos otra vez. (Aplausos) (…)
Por eso, por eso, compañeros, en esta noche con los hombres del movimiento obrero que no tienen temor en dar la cara a su pueblo, con los hombres políticos de todo el país que junto con ustedes hicieron la gesta de esta victoria, yo quiero decirles: tomémonos de la mano, todos juntos los peronistas para poder abrazar también a cada uno de los argentinos y decirles: Vamos todos, vamos todos a construir una Argentina nueva, vamos todos a construir una Argentina soberana. Vamos todos a construir una Argentina justa.
Anuncio de Carlos Alvarez sobre su renuncia a la vicepresidencia:
06 de octubre de 2000
"No quiero que esto se confunda con un acto político, quiero transmitirles los fundamentos de mi decisión. Presento mi renuncia indeclinable a la vicepresidencia para poder decir con libertad lo que siento y lo que pienso y, al mismo tiempo, para no perjudicar al Presidente y alterar la vida institucional, sobre todo en una etapa donde la mayoría de la gente, nuestra gente, sufre una situación difícil en lo laboral y lo social. La Argentina necesita confianza interna y externa para volver a crecer.
"Voy a seguir defendiendo el proyecto de la Alianza y a nuestro gobierno. Voy a seguir bregando por las cosas que le prometimos a la gente el 24 de octubre del año pasado. Quiero con este gesto, con mi renuncia, alejar las interpretaciones internistas o de lucha por el poder. Soy leal al Presidente y esto tiene que ir de la mano con la lealtad a mis convicciones, a la de mi fuerza política y a los compromisos con la ciudadanía que nos votó.
"De aquí que mi renuncia debe tomarse como un acto de lealtad, no soy parte de ninguna pulseada por el poder, no me empuja ningún ánimo de debilitar la figura presidencial, siempre tuve presente, muy presente, que las expectativas de nuestro pueblo se centran en la figura de nuestro Presidente. Así lo entendí desde que fui nominado en la fórmula y así lo sigo y lo seguiré entendiendo. También sé que el cargo de vicepresidente no permite mayores desacuerdos con un tema tan sensible como el de los sobornos en el Senado.
"No renuncio a la lucha, renuncio a un cargo por el que me ha honrado la ciudadanía. Fundé una fuerza nueva para entre otras cosas cambiar drásticamente la forma de hacer política de este país, nuestro país. Estoy convencido de que estamos ante una crisis terminal en la manera de hacer política de la relación entre el poder político y el poder económico y del vínculo entre la política y la gente.
"Lo vengo sosteniendo no desde ahora, sino desde hace más de 10 años cuando me fui del Partido Justicialista. Parece paradójico y a la vez resulta cada vez más chocante, cuanto más avanza la pobreza, la desocupación, el escepticismo y la apatía, desde no pocos lugares se responde con dinero negro, compra y venta de leyes, más pragmatismo y más protagonismo para quienes operan en la política como si fuera un gran negocio para pocos. Esta realidad no acepta medias tintas, no se puede tratar el cáncer con aspirinas. Ni alcanzan los discursos que remiten a la acción de la Justicia en la cual muchos de los que deben investigar los actos de corrupción difícilmente podrían soportar una investigación a fondo sobre sus patrimonios.
"Esta situación debe enfrentarse con una enorme cuota de coraje y decisión. O se está con lo viejo que debe morir o se lucha por lo nuevo que esta crisis debe ayudar a alumbrar. Atravesamos dos crisis los argentinos: la crisis política-social-moral y la crisis económica. Para combatir la primera, se manifestó que los senadores que protagonizaron las decisiones de los últimos años del Senado debían renunciar. Lejos de ello, han intentado la política del avestruz, se han atornillado a las bancas y a los cargos.
"Y ahora seguramente se ampararán como ya lo han señalado públicamente algunos en las decisiones del Presidente para decir que nada ha pasado. Confío en que mi renuncia contribuya a que tomen las decisiones que la sociedad y la gente espera, que se den cuenta que deben hacer gestos, que aun en la decadencia los acerque a un nivel de dignidad que no tuvieron en el ejercicio de la función.
.
"Nunca pretendí ocupar el lugar de la Justicia, no he culpado a nadie judicialmente, no es mi función. Eso sí, pedí gestos políticos contundentes, que den cuentan de lo que piensa, siente y demanda la mayoría de la gente. Muchos senadores creyeron que el conflicto se dirimía en términos personales. No quisieron darse cuenta de que su desprestigio es ante nuestros compatriotas. No se enfrentan conmigo, están enfrentados con la gente.
"Respeto las determinaciones del Presidente. Sin embargo, no puedo acompañarlas pasivamente o en silencio, porque son contradictorias con las decisiones que vengo reclamando en el Senado de la Nación. Sigo teniendo la convicción de que hacer gestos políticos fuertes es lo que está esperando la sociedad para resolver la crisis política. Por último, nadie debe entender que esta renuncia significa que voy a abandonar mis compromisos y responsabilidades.
"Voy a seguir trabajando sin descanso por los valores y contenidos que fundaron la Alianza, porque constituyen la garantía de cumplir con el contrato social y ético que establecimos con la mayoría de nuestro pueblo el 24 de octubre de 1999.
"Muchas gracias... voy a decirles a todos mis compatriotas que no se necesita ser vicepresidente para luchar por una Argentina mejor, para luchar por lo que hemos soñado, para luchar por lo que sentimos. Y quiero decirle a mucha gente que me dijo o que me puede decir que no renuncie, que voy a seguir peleando por los mismos ideales que peleé en mi vida, construir una nación más autónoma, construir una sociedad más justa, más igualitaria, lo voy a hacer desde el llano, con la misma voluntad, con la misma vocación y la misma firmeza y el mismo compromiso que tuve en mi larga vida militante.
"Voy a seguir defendiendo la Alianza, para que siga siendo el instrumento que pueda mejorarle la vida a los argentinos, porque eso es lo importante. Todo lo demás es anécdota, importante es que cumplamos con lo que le dijimos a la gente, que mejoremos su vida, su nivel de ingresos, su dignidad, su participación. Siempre he creído que para lograr estas condiciones teníamos que tener otra política. Me da mucha vergüenza que un joven de 16, 17 o 18 años sienta que la política es similar al delito, sientan que los que hacemos política y los que tenemos cargos, los tenemos para incrementar nuestro patrimonio. Me da mucha vergüenza que se siga promocionando a figuras que son las responsables de que la gente asocie la política al delito. No lo vamos a permitir y vamos a seguir luchando para cambiar esta situación".
Cristina: Homenaje a Evita en Berazategui
26 de julio de 2005
"Siempre hubo en el imaginario colectivo, en la creencia popular, imaginar en tal o cual circunstancia política del país qué hubiera hecho Evita..."
Yo recuerdo todavía, en mi casa, a mi abuelo hablando con mi madre, repitiendo siempre invariablemente: “Si Evita hubiera estado, el 55 no hubiera pasado, si Evita hubiera estado Perón no hubiera caído”. Unos años más tarde, cuando toda una generación de argentinos, inclusive algunos, muchísimos hijos de antiperonistas rabiosos de aquel 55, se incorporan a la vida política del país, se incorporan al peronismo -¿se acuerda, Presidente, no?- esa generación lleva como estandarte, como bandera a esa Evita combativa, irreductible. Esa Evita -yo recién miraba las imágenes-, esa Evita en blanco y negro, ¿vieron? Todas las fotos reales, todas las películas reales de Evita son en blanco y negro. Ella era así, era en blanco y negro, sin grises. Todo o nada, amigo o enemigo y así fue también en cierta manera nuestra generación.
Debo confesarles algo y les juro por Dios que no es una cuestión de género. Perón fue el gran estadista, el que impresiona, el gran político, como le gusta decir a muchos de nuestros compañeros, el conductor. A mí me gusta más hablar de dirección política, porque conductor siempre parece que es una persona. Cuando uno habla de dirección, además, habla de proyecto, habla de política, además del hombre. Perón siempre impresiona, pero Evita es otra cosa, Evita conmueve, Evita conmociona, Evita se hace carne porque fue algo más que la participación de la mujer en la política, fue algo más que la incorporación de los trabajadores en el sistema de la decisión nacional. Evita simboliza la transformación social, económica y política de todo un país y entra de “prepo” en la historia, no para convertirse en bronce, no para ser estatua, Evita de carne y hueso entra en la historia, eterna y definitiva para quedarse y para no irse más. (Aplausos).
Siempre pienso en esta Argentina de tantas tragedias, en esta Argentina que ha sido saqueada económicamente, que ha sido devastada cultural y moralmente, ¿dónde estaría Evita?, ¿qué haría Evita?. ¿Lo ha pensado, usted, señor Presidente, en algún momento? ¿La imagina a Evita enojada con usted o tratando de que no pelee más con el Fondo Monetario ni con nuestros acreedores, que tenga mejores modales o al contrario, pidiéndole que no se doblegue, que no se entregue, que pelee por los intereses de los argentinos? (Aplausos) ¿Dónde la imaginan, en qué vereda, en qué lado, junto a quiénes, en qué proyectos? ¿Dónde la imagina a Evita diciéndole como cuando usted denunciaba con nombre y apellido, o mejor dicho con marca de combustible, cuando querían saquear el bolsillo de los argentinos? ¿De qué lado la imagina, tratándolo de que no se puede conducir de esta manera o apoyando esa defensa irreductible de los intereses de los trabajadores, de los consumidores, de los argentinos? ¿Dónde la imaginan a Evita, pidiendo no volver al pasado o al lado de las Madres y de las Abuelas de Plaza de Mayo? ¿Adónde la imaginan a Evita? (Aplausos) ¿Dónde estaría Evita? ¿Cómo trataría Evita a aquellos que, en nombre del peronismo, saludaron a los almirantes que derrocaron a Perón en el 55, se abrazaron con el capitán ingeniero y su emblemática hija, entregaron el patrimonio de los argentinos, les cercenaron derechos a los trabajadores? ¿Diría, como dicen algunos y comentan, “es sólo la interna del partido del Gobierno” o como Jesús echaría a los mercaderes del Templo? ¿Quiero saber dónde imaginan ustedes a esa Evita? (Aplausos)
Y yo quiero decirle, señor Presidente, la imagino junto al resto de los argentinos que lo acompañan a usted en la construcción de un país diferente, en la construcción de un país donde el trabajo vuelva a ser el gran articulador social. Allí la imagino, junto a millones de argentinos.
El otro día, usted en Ezeiza decía que le critican la ropa, ese saco abierto, cruzado eternamente abierto, esos mocasines tal vez sin lustrar. No se preocupe, son los mismos que me critican a mí por la ropa, porque tengo un pelo más, porque tengo un pelo menos, son los que no entienden, son los que decían que cuando viniera al Conurbano tenía que venir de zapatillas y vaqueros, subestimando al pueblo. No conociéndome, como si se necesitarán disfraces. Nunca nos hemos disfrazado de nada, señor Presidente. Ni con la ropa, ni con las ideas. Somos así, como nos ven, con aciertos y con errores, pero como nos ven, sin imposturas, con ideas, con convicciones. (Aplausos)
¿Sabe por qué? Porque en el fondo, señor Presidente, no son sus mocasines ni su saco lo que les molesta, tampoco mi ropa o mis pelos. En realidad lo que les molesta es verlo a usted sentado en la Casa Rosada, con las convicciones de siempre, desmintiendo que hay que mentir en la campaña para ganar en el Gobierno. Eso es lo que no aguantan, viéndolo representar a su pueblo, a los intereses de los trabajadores, de las mujeres, de los jóvenes. No me aguantan a mí, no aguantan que esté allí con sus convicciones. (Aplausos) Como tampoco aguantan que aún sin renunciar a mi condición de mujer, no haya sido cortesana del poder de turno y que no me haya movido ni un centímetro de las posiciones que históricamente asumí como legisladora nacional, defendiendo el territorio de los argentinos, no votando nunca una reforma laboral con soborno ni sin soborno, señor Presidente, defendiendo los intereses en los que siempre creí. Ni un centímetro nos hemos movido, esas son las cosas. (Aplausos)
¿Porque sabe qué pasa, señor Presidente? Siempre es bueno demostrarle a los ciudadanos que los políticos cambian y los traicionan; siempre es bueno para algunos intereses que no son los del pueblo, hacerles creer a ese mismo pueblo que la política no sirve para nada y que los políticos siempre traicionan. Eso es lo que no nos perdonan: que no traicionemos, y no lo vamos a hacer, señor Presidente. (Aplausos) No lo vamos a hacer.
Hemos puesto mucho en esto, años de nuestra vida, nuestra propia vida familiar, nuestra propia historia, hemos puesto todo lo que hemos tenido que poner y que vamos a seguir haciéndolo, porque estamos convencidos de que Argentina puede ser diferente.
Vamos a vencer a esos cultores obsesivos del fracaso colectivo, vamos a demostrar a los argentinos que además de éxitos individuales, podemos construir el éxito colectivo que es el éxito de los argentinos, el éxito de la Patria.
Lo vamos a hacer porque tenemos la obligación moral, no lo estamos haciendo de héroes ni de considerarnos los mejores. Somos apenas hombres y mujeres comunes, como a usted le gusta decir, pero que asumimos la responsabilidad histórica que la hora y la historia demandan. Hacernos cargo junto a los argentinos de cambiar el país. Que el trabajo vuelva a ser el gran articulador, que también el empresariado con responsabilidad social, comprenda que aumentar la rentabilidad, hay que hacerlo con producción y con inversión, no saqueando a los trabajadores en sus salarios o a los consumidos en sus bolsillos. Necesitamos empresarios capitalistas en serio que entiendan de una buena vez por todas que no va a haber grandeza para ellos si no hay grandeza para el país. (Aplausos)
Es necesario que recorramos todos y cada uno de los rincones de esta bendita Provincia. Es necesario que cada argentino, desde el Norte al Sur del país, comprenda que esto es un proyecto que nos trasciende a todos, que esto no es un partido político, que esto no es una cuestión de “en qué lugar me ubico yo o qué voy a hacer yo”, sino qué vamos a hacer nosotros.
Empecemos a tomar el ejemplo de ella que renunció a ser ella misma para representar a los demás. En este país, enfermo de dirigentes que sólo se representan a sí mismos, Eva supo representar a los demás, a los millones de argentinos y por eso entró en la historia, no porque estuvo casada con un presidente, no porque fue primera dama, sino porque decidió representar a los demás. (Aplausos) Esa es la clave de su paso a la Eternidad, ésa es la clave de su ingreso a la historia: volver a representar políticamente, volver a representar a las grandes mayorías, volver a representar esos intereses, los de los trabajadores, los de los consumidores, los de los jóvenes, los de los empresarios.
Porque es necesario comprender que trabajo y producción van de la mano. Pero ellos también tienen que comprender que sin consumo no hay producción, que sin consumo no hay capital, que sin consumo, mis queridos amigos y amigas, el país se torna inviable. Ya tuvieron un claro ejemplo cuando el país implosionó en el año 2001.
Por eso, recordar a Evita, no puede ser liturgia, recodar a Evita es algo más, es hacerse cargo del ejemplo militante, es hacerse cargo de lo que significa el rol de cada militante, de cada hombre y mujer, no importa el partido en que lo haga, no importa si es un militante social y no lo hace en un partido político, tenemos que concebir que el éxito de cada uno de nosotros está ligado al del resto de los argentinos. Porque de esa manera, de esa única manera, es que vamos a construir un país diferente.
Hoy, Presidente, hace tres años que usted, un 26 de julio como hoy, recordaba a Evita y presentaba su proyecto al país en el Estadio de Obras Sanitarias. Parece que hubiera sido hace tres siglos, pero no, hace apenas tres años. Usted les mostró sus manos y les dijo que además, era lo único que venía a prometer, que iba a trabajar día y noche representando los intereses de los argentinos. Me acuerdo como si fuera hoy. Creo que además dijo también que venía a ofrecer su corazón.
Y es cierto, ha puesto manos, ha puesto corazón, ha puesto coraje, ha puesto todo lo que un hombre tienen que poner para representar los intereses que toda su vida quiso representar. (Aplausos)
Yo quiero decirle, en nombre de miles de compañeros y compañeras, de millones de ciudadanos y ciudadanas, siga adelante, no se deje intimidar, el pueblo lo va a ayudar, el pueblo lo va a apoyar, porque sabe que usted los está representando. (Aplausos)
Muchas gracias, muchas gracias a todos por estar esta noche aquí juntos, construyendo una nueva Argentina, construyendo un nuevo país, una nueva forma de hacer la política, una nueva forma de entender la participación popular, todos juntos sabiendo que tenemos que representar a esos millones de argentinos que habían sido dejados de la mano de Dios. Juntos podemos, juntos sé que vamos a poder cambiar la historia, cambiar el país y también cambiar la provincia de Buenos Aires.
Muchas gracias. (Aplausos)
ARGENTINA
Discurso del Sr.Presidente de la Nación Raúl Alfonsín desde el balcón de la casa de gobierno el día 23 de Mayo de 1986.
Compatriotas: yo sé muy bien que esta presencia multitudinaria trasciende la voluntad de apoyar a un gobierno y que en realidad está queriendo poner de manifiesto la decisión del pueblo por luchar para preservar la democracia de los argentinos.
Y así como estamos reunidos nosotros en esta plaza, a pocas cuadras de aquí se realiza otro acto político convocado por otra colectividad política pero al que no debemos ver como antagonista de este otro acto. Podrán expresar sus críticas, pero siendo el pueblo argentino estoy convencido que como Uds. están igualmente dispuestos a defender la democracia de los argentinos.
Tal vez esta coincidencia, de estos dos actos, expresa cabalmente la intención de la convocatoria, porque para que realmente tenga vigencia cabal la democracia no basta la existencia de las instituciones, es absolutamente necesaria la participación del pueblo.
Bienvenidos entonces todos a las calles de Buenos Aires.
Llevamos 30 meses duros de gobierno. Recuerdo que hace un año convoqué a los argentinos para una economía de guerra, de guerra contra nuestras propias limitaciones y nuestras propias imposibilidades. Hoy les quiero decir que a través del esfuerzo realizado por todos, muy particularmente a través del esfuerzo magnífico, con ribetes de epopeya, puesto de manifiesto por los sectores más desposeídos, podemos estar en condiciones de empezar una nueva etapa. Hoy les vengo a decir que vamos a arrancar la marcha para la grandeza de la argentina.
Discurso de Antonio Cafiero
Plaza Once/23 de Mayo de 1986
Compañeros … compañeros y compañeras, compatriotas:
En este mismo día, a esta misma hora en otra plaza, hay reunidos (gritos, silbidos) otros argentinos, con los cuales tenemos el común propósito de defender la democracia, de defender la constitución, de repudiar la violencia, y de construir una democracia justa, libre, soberana, pero también tenemos con estos otros argentinos profundas discrepancias porque pertenecemos a una cultura política diferente; porque tenemos un concepto de la democracia diferente.
(pausa) Allí un médico por favor! (bombos, aplausos).
Hoy, en la Plaza de Mayo, se habla de fundar una Segunda República.
(silbidos). Se habla … se habla (silbidos) de olvidar el pasado. Y nosotros preguntamos: ¿cuál es el pasado que quieren enterrar los radicales? ¿Será acaso el de su origen histórico federal e yrigoyenista que han olvidado? ¿Será acaso sus complicidades con los conservadores en la Década Infame? (silbidos) ¿Será acaso la Unión Democrática, cuando marcharon del brazo de Braden y los Comunistas? (silbidos) ¿Será acaso cuando conspiraron permanentemente contra el gobierno popular de Juan Domingo Perón? ¿Será acaso la …?
Discurso de Carlos Grosso
Córdoba, 17 de Octubre de 1987
Presentación: Uno de los primeros en volver a decir que se podía creer, uno de los primeros hombres de la Renovación. Habla el presidente del PJ en la Capital Federal, el compañero Carlos Grosso:
CG: Compañeras y compañeros peronistas, compatriotas, argentinos:
¿Qué podríamos agregar en esta noche a las palabras de José Luis faltando todavía el plato fuerte de la noche que es la palabra de Antonio Cafiero? (Pausa) (Cantos).
¿Qué podríamos agregar en esta noche en la que todos nos hemos reencontrado con alegría, en la que todos nos hemos reencontrado con lo mejor de la tradición de este pueblo?
De nuevo estamos aquí, con la bandera azul y blanca para decir que la Argentina no se rinde al destino de entrega, de mediocridad y resignación. Que estamos aquí los que queremos vivir en esta patria como nos enseñó Juan Domingo Perón, con dignidad, con grandeza y con entrega hasta la última gota de la vida.
(Aplausos) (Dale Grosso, dale ale Grosso)
Aquí en todos, en esta noche, los peronistas recordando y festejando. Y yo quiero decirles que me acuerdo hace un largo año atrás cuando los mismos que estamos en esta tribuna vinimos aquí, a Córdoba, a iniciar el camino de esta victoria, que el seis de septiembre obtuvimos con el pueblo.
(…)
Por eso, compañeros, y por eso, compañeras, este también no sólo es el momento de recordar aquel 17 de octubre; no sólo es el momento de la alegría del triunfo. También es el momento de la enorme responsabilidad que tenemos los peronistas.
Porque sabemos que después de estos cuatro años de frustración no sólo ha caído sobre nuestras espaldas el 42 por ciento de los votos del país. Ha caído en nuestras manos la responsabilidad de poder decirle a quien quiere vivir en este país que vale la pena, que hay una Argentina distinta y que vamos a dar hasta la última gota del esfuerzo para que esto se haga realidad.(Aplausos)
Será, será que nosotros venimos de esa enorme lucha popular, será que nosotros venimos de tantos años de proscripción, sería que nosotros veníamos de sufrir la represión y los nuestros …
Sería que nosotros no nos arredrábamos ante una derrota allá en la noche oscura de octubre del 83.
(…)
Tomamos de nuevo el camino, tomamos de nuevo la fuerza, y aquí estamos otra vez. (Aplausos) (…)
Por eso, por eso, compañeros, en esta noche con los hombres del movimiento obrero que no tienen temor en dar la cara a su pueblo, con los hombres políticos de todo el país que junto con ustedes hicieron la gesta de esta victoria, yo quiero decirles: tomémonos de la mano, todos juntos los peronistas para poder abrazar también a cada uno de los argentinos y decirles: Vamos todos, vamos todos a construir una Argentina nueva, vamos todos a construir una Argentina soberana. Vamos todos a construir una Argentina justa.
Anuncio de Carlos Alvarez sobre su renuncia a la vicepresidencia:
06 de octubre de 2000
"No quiero que esto se confunda con un acto político, quiero transmitirles los fundamentos de mi decisión. Presento mi renuncia indeclinable a la vicepresidencia para poder decir con libertad lo que siento y lo que pienso y, al mismo tiempo, para no perjudicar al Presidente y alterar la vida institucional, sobre todo en una etapa donde la mayoría de la gente, nuestra gente, sufre una situación difícil en lo laboral y lo social. La Argentina necesita confianza interna y externa para volver a crecer.
"Voy a seguir defendiendo el proyecto de la Alianza y a nuestro gobierno. Voy a seguir bregando por las cosas que le prometimos a la gente el 24 de octubre del año pasado. Quiero con este gesto, con mi renuncia, alejar las interpretaciones internistas o de lucha por el poder. Soy leal al Presidente y esto tiene que ir de la mano con la lealtad a mis convicciones, a la de mi fuerza política y a los compromisos con la ciudadanía que nos votó.
"De aquí que mi renuncia debe tomarse como un acto de lealtad, no soy parte de ninguna pulseada por el poder, no me empuja ningún ánimo de debilitar la figura presidencial, siempre tuve presente, muy presente, que las expectativas de nuestro pueblo se centran en la figura de nuestro Presidente. Así lo entendí desde que fui nominado en la fórmula y así lo sigo y lo seguiré entendiendo. También sé que el cargo de vicepresidente no permite mayores desacuerdos con un tema tan sensible como el de los sobornos en el Senado.
"No renuncio a la lucha, renuncio a un cargo por el que me ha honrado la ciudadanía. Fundé una fuerza nueva para entre otras cosas cambiar drásticamente la forma de hacer política de este país, nuestro país. Estoy convencido de que estamos ante una crisis terminal en la manera de hacer política de la relación entre el poder político y el poder económico y del vínculo entre la política y la gente.
"Lo vengo sosteniendo no desde ahora, sino desde hace más de 10 años cuando me fui del Partido Justicialista. Parece paradójico y a la vez resulta cada vez más chocante, cuanto más avanza la pobreza, la desocupación, el escepticismo y la apatía, desde no pocos lugares se responde con dinero negro, compra y venta de leyes, más pragmatismo y más protagonismo para quienes operan en la política como si fuera un gran negocio para pocos. Esta realidad no acepta medias tintas, no se puede tratar el cáncer con aspirinas. Ni alcanzan los discursos que remiten a la acción de la Justicia en la cual muchos de los que deben investigar los actos de corrupción difícilmente podrían soportar una investigación a fondo sobre sus patrimonios.
"Esta situación debe enfrentarse con una enorme cuota de coraje y decisión. O se está con lo viejo que debe morir o se lucha por lo nuevo que esta crisis debe ayudar a alumbrar. Atravesamos dos crisis los argentinos: la crisis política-social-moral y la crisis económica. Para combatir la primera, se manifestó que los senadores que protagonizaron las decisiones de los últimos años del Senado debían renunciar. Lejos de ello, han intentado la política del avestruz, se han atornillado a las bancas y a los cargos.
"Y ahora seguramente se ampararán como ya lo han señalado públicamente algunos en las decisiones del Presidente para decir que nada ha pasado. Confío en que mi renuncia contribuya a que tomen las decisiones que la sociedad y la gente espera, que se den cuenta que deben hacer gestos, que aun en la decadencia los acerque a un nivel de dignidad que no tuvieron en el ejercicio de la función.
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"Nunca pretendí ocupar el lugar de la Justicia, no he culpado a nadie judicialmente, no es mi función. Eso sí, pedí gestos políticos contundentes, que den cuentan de lo que piensa, siente y demanda la mayoría de la gente. Muchos senadores creyeron que el conflicto se dirimía en términos personales. No quisieron darse cuenta de que su desprestigio es ante nuestros compatriotas. No se enfrentan conmigo, están enfrentados con la gente.
"Respeto las determinaciones del Presidente. Sin embargo, no puedo acompañarlas pasivamente o en silencio, porque son contradictorias con las decisiones que vengo reclamando en el Senado de la Nación. Sigo teniendo la convicción de que hacer gestos políticos fuertes es lo que está esperando la sociedad para resolver la crisis política. Por último, nadie debe entender que esta renuncia significa que voy a abandonar mis compromisos y responsabilidades.
"Voy a seguir trabajando sin descanso por los valores y contenidos que fundaron la Alianza, porque constituyen la garantía de cumplir con el contrato social y ético que establecimos con la mayoría de nuestro pueblo el 24 de octubre de 1999.
"Muchas gracias... voy a decirles a todos mis compatriotas que no se necesita ser vicepresidente para luchar por una Argentina mejor, para luchar por lo que hemos soñado, para luchar por lo que sentimos. Y quiero decirle a mucha gente que me dijo o que me puede decir que no renuncie, que voy a seguir peleando por los mismos ideales que peleé en mi vida, construir una nación más autónoma, construir una sociedad más justa, más igualitaria, lo voy a hacer desde el llano, con la misma voluntad, con la misma vocación y la misma firmeza y el mismo compromiso que tuve en mi larga vida militante.
"Voy a seguir defendiendo la Alianza, para que siga siendo el instrumento que pueda mejorarle la vida a los argentinos, porque eso es lo importante. Todo lo demás es anécdota, importante es que cumplamos con lo que le dijimos a la gente, que mejoremos su vida, su nivel de ingresos, su dignidad, su participación. Siempre he creído que para lograr estas condiciones teníamos que tener otra política. Me da mucha vergüenza que un joven de 16, 17 o 18 años sienta que la política es similar al delito, sientan que los que hacemos política y los que tenemos cargos, los tenemos para incrementar nuestro patrimonio. Me da mucha vergüenza que se siga promocionando a figuras que son las responsables de que la gente asocie la política al delito. No lo vamos a permitir y vamos a seguir luchando para cambiar esta situación".
Cristina: Homenaje a Evita en Berazategui
26 de julio de 2005
"Siempre hubo en el imaginario colectivo, en la creencia popular, imaginar en tal o cual circunstancia política del país qué hubiera hecho Evita..."
Yo recuerdo todavía, en mi casa, a mi abuelo hablando con mi madre, repitiendo siempre invariablemente: “Si Evita hubiera estado, el 55 no hubiera pasado, si Evita hubiera estado Perón no hubiera caído”. Unos años más tarde, cuando toda una generación de argentinos, inclusive algunos, muchísimos hijos de antiperonistas rabiosos de aquel 55, se incorporan a la vida política del país, se incorporan al peronismo -¿se acuerda, Presidente, no?- esa generación lleva como estandarte, como bandera a esa Evita combativa, irreductible. Esa Evita -yo recién miraba las imágenes-, esa Evita en blanco y negro, ¿vieron? Todas las fotos reales, todas las películas reales de Evita son en blanco y negro. Ella era así, era en blanco y negro, sin grises. Todo o nada, amigo o enemigo y así fue también en cierta manera nuestra generación.
Debo confesarles algo y les juro por Dios que no es una cuestión de género. Perón fue el gran estadista, el que impresiona, el gran político, como le gusta decir a muchos de nuestros compañeros, el conductor. A mí me gusta más hablar de dirección política, porque conductor siempre parece que es una persona. Cuando uno habla de dirección, además, habla de proyecto, habla de política, además del hombre. Perón siempre impresiona, pero Evita es otra cosa, Evita conmueve, Evita conmociona, Evita se hace carne porque fue algo más que la participación de la mujer en la política, fue algo más que la incorporación de los trabajadores en el sistema de la decisión nacional. Evita simboliza la transformación social, económica y política de todo un país y entra de “prepo” en la historia, no para convertirse en bronce, no para ser estatua, Evita de carne y hueso entra en la historia, eterna y definitiva para quedarse y para no irse más. (Aplausos).
Siempre pienso en esta Argentina de tantas tragedias, en esta Argentina que ha sido saqueada económicamente, que ha sido devastada cultural y moralmente, ¿dónde estaría Evita?, ¿qué haría Evita?. ¿Lo ha pensado, usted, señor Presidente, en algún momento? ¿La imagina a Evita enojada con usted o tratando de que no pelee más con el Fondo Monetario ni con nuestros acreedores, que tenga mejores modales o al contrario, pidiéndole que no se doblegue, que no se entregue, que pelee por los intereses de los argentinos? (Aplausos) ¿Dónde la imaginan, en qué vereda, en qué lado, junto a quiénes, en qué proyectos? ¿Dónde la imagina a Evita diciéndole como cuando usted denunciaba con nombre y apellido, o mejor dicho con marca de combustible, cuando querían saquear el bolsillo de los argentinos? ¿De qué lado la imagina, tratándolo de que no se puede conducir de esta manera o apoyando esa defensa irreductible de los intereses de los trabajadores, de los consumidores, de los argentinos? ¿Dónde la imaginan a Evita, pidiendo no volver al pasado o al lado de las Madres y de las Abuelas de Plaza de Mayo? ¿Adónde la imaginan a Evita? (Aplausos) ¿Dónde estaría Evita? ¿Cómo trataría Evita a aquellos que, en nombre del peronismo, saludaron a los almirantes que derrocaron a Perón en el 55, se abrazaron con el capitán ingeniero y su emblemática hija, entregaron el patrimonio de los argentinos, les cercenaron derechos a los trabajadores? ¿Diría, como dicen algunos y comentan, “es sólo la interna del partido del Gobierno” o como Jesús echaría a los mercaderes del Templo? ¿Quiero saber dónde imaginan ustedes a esa Evita? (Aplausos)
Y yo quiero decirle, señor Presidente, la imagino junto al resto de los argentinos que lo acompañan a usted en la construcción de un país diferente, en la construcción de un país donde el trabajo vuelva a ser el gran articulador social. Allí la imagino, junto a millones de argentinos.
El otro día, usted en Ezeiza decía que le critican la ropa, ese saco abierto, cruzado eternamente abierto, esos mocasines tal vez sin lustrar. No se preocupe, son los mismos que me critican a mí por la ropa, porque tengo un pelo más, porque tengo un pelo menos, son los que no entienden, son los que decían que cuando viniera al Conurbano tenía que venir de zapatillas y vaqueros, subestimando al pueblo. No conociéndome, como si se necesitarán disfraces. Nunca nos hemos disfrazado de nada, señor Presidente. Ni con la ropa, ni con las ideas. Somos así, como nos ven, con aciertos y con errores, pero como nos ven, sin imposturas, con ideas, con convicciones. (Aplausos)
¿Sabe por qué? Porque en el fondo, señor Presidente, no son sus mocasines ni su saco lo que les molesta, tampoco mi ropa o mis pelos. En realidad lo que les molesta es verlo a usted sentado en la Casa Rosada, con las convicciones de siempre, desmintiendo que hay que mentir en la campaña para ganar en el Gobierno. Eso es lo que no aguantan, viéndolo representar a su pueblo, a los intereses de los trabajadores, de las mujeres, de los jóvenes. No me aguantan a mí, no aguantan que esté allí con sus convicciones. (Aplausos) Como tampoco aguantan que aún sin renunciar a mi condición de mujer, no haya sido cortesana del poder de turno y que no me haya movido ni un centímetro de las posiciones que históricamente asumí como legisladora nacional, defendiendo el territorio de los argentinos, no votando nunca una reforma laboral con soborno ni sin soborno, señor Presidente, defendiendo los intereses en los que siempre creí. Ni un centímetro nos hemos movido, esas son las cosas. (Aplausos)
¿Porque sabe qué pasa, señor Presidente? Siempre es bueno demostrarle a los ciudadanos que los políticos cambian y los traicionan; siempre es bueno para algunos intereses que no son los del pueblo, hacerles creer a ese mismo pueblo que la política no sirve para nada y que los políticos siempre traicionan. Eso es lo que no nos perdonan: que no traicionemos, y no lo vamos a hacer, señor Presidente. (Aplausos) No lo vamos a hacer.
Hemos puesto mucho en esto, años de nuestra vida, nuestra propia vida familiar, nuestra propia historia, hemos puesto todo lo que hemos tenido que poner y que vamos a seguir haciéndolo, porque estamos convencidos de que Argentina puede ser diferente.
Vamos a vencer a esos cultores obsesivos del fracaso colectivo, vamos a demostrar a los argentinos que además de éxitos individuales, podemos construir el éxito colectivo que es el éxito de los argentinos, el éxito de la Patria.
Lo vamos a hacer porque tenemos la obligación moral, no lo estamos haciendo de héroes ni de considerarnos los mejores. Somos apenas hombres y mujeres comunes, como a usted le gusta decir, pero que asumimos la responsabilidad histórica que la hora y la historia demandan. Hacernos cargo junto a los argentinos de cambiar el país. Que el trabajo vuelva a ser el gran articulador, que también el empresariado con responsabilidad social, comprenda que aumentar la rentabilidad, hay que hacerlo con producción y con inversión, no saqueando a los trabajadores en sus salarios o a los consumidos en sus bolsillos. Necesitamos empresarios capitalistas en serio que entiendan de una buena vez por todas que no va a haber grandeza para ellos si no hay grandeza para el país. (Aplausos)
Es necesario que recorramos todos y cada uno de los rincones de esta bendita Provincia. Es necesario que cada argentino, desde el Norte al Sur del país, comprenda que esto es un proyecto que nos trasciende a todos, que esto no es un partido político, que esto no es una cuestión de “en qué lugar me ubico yo o qué voy a hacer yo”, sino qué vamos a hacer nosotros.
Empecemos a tomar el ejemplo de ella que renunció a ser ella misma para representar a los demás. En este país, enfermo de dirigentes que sólo se representan a sí mismos, Eva supo representar a los demás, a los millones de argentinos y por eso entró en la historia, no porque estuvo casada con un presidente, no porque fue primera dama, sino porque decidió representar a los demás. (Aplausos) Esa es la clave de su paso a la Eternidad, ésa es la clave de su ingreso a la historia: volver a representar políticamente, volver a representar a las grandes mayorías, volver a representar esos intereses, los de los trabajadores, los de los consumidores, los de los jóvenes, los de los empresarios.
Porque es necesario comprender que trabajo y producción van de la mano. Pero ellos también tienen que comprender que sin consumo no hay producción, que sin consumo no hay capital, que sin consumo, mis queridos amigos y amigas, el país se torna inviable. Ya tuvieron un claro ejemplo cuando el país implosionó en el año 2001.
Por eso, recordar a Evita, no puede ser liturgia, recodar a Evita es algo más, es hacerse cargo del ejemplo militante, es hacerse cargo de lo que significa el rol de cada militante, de cada hombre y mujer, no importa el partido en que lo haga, no importa si es un militante social y no lo hace en un partido político, tenemos que concebir que el éxito de cada uno de nosotros está ligado al del resto de los argentinos. Porque de esa manera, de esa única manera, es que vamos a construir un país diferente.
Hoy, Presidente, hace tres años que usted, un 26 de julio como hoy, recordaba a Evita y presentaba su proyecto al país en el Estadio de Obras Sanitarias. Parece que hubiera sido hace tres siglos, pero no, hace apenas tres años. Usted les mostró sus manos y les dijo que además, era lo único que venía a prometer, que iba a trabajar día y noche representando los intereses de los argentinos. Me acuerdo como si fuera hoy. Creo que además dijo también que venía a ofrecer su corazón.
Y es cierto, ha puesto manos, ha puesto corazón, ha puesto coraje, ha puesto todo lo que un hombre tienen que poner para representar los intereses que toda su vida quiso representar. (Aplausos)
Yo quiero decirle, en nombre de miles de compañeros y compañeras, de millones de ciudadanos y ciudadanas, siga adelante, no se deje intimidar, el pueblo lo va a ayudar, el pueblo lo va a apoyar, porque sabe que usted los está representando. (Aplausos)
Muchas gracias, muchas gracias a todos por estar esta noche aquí juntos, construyendo una nueva Argentina, construyendo un nuevo país, una nueva forma de hacer la política, una nueva forma de entender la participación popular, todos juntos sabiendo que tenemos que representar a esos millones de argentinos que habían sido dejados de la mano de Dios. Juntos podemos, juntos sé que vamos a poder cambiar la historia, cambiar el país y también cambiar la provincia de Buenos Aires.
Muchas gracias. (Aplausos)
